Miré a Mario y le mencione que quizás existía una posibilidad, que quizás si decidiamos correr el riesgo, nuestro sueño, nuestra meta la conseguiriamos.
Dudamos en silencio por unos instantes. Luego una llamada nos insto a decidir. Era Pamela, la mujer que ambos queriamos, de modos distintos, Mario la amaba, yo la deseaba. Su voz cuaso en nosotros una suerte de frenesí inmediato, la confianza desbordo lo razonable y simplemente evitamos la prudencia, era nuestro momento, la oportunidad.
Todos nuestros ahorros estaban ahí, eran 300 mil pesos y la dependencia de tres resultados futbolisticos, cada uno escogió el suyo y el tercero lo consensuamos.
Los nervios iban creciendo a medida que los partidos se acercaban.
La tensión fue alarmante, los insultos y garabatos habituales. El sol acompañaba esa tarde con una sonrisa amplia. Mi mente divagaba entre las piernas de Pamela, la posibilidad de triplicar nuestro dinero y la dificultad del ultimo partido. Necesitabamos un empate. el resultado más riesgoso, pero el que nos llevaba a nuestro destino.
Perdimos, el resultado fallo, 1-0 el local en el minuto 64. Todo a la basura, salvo por una cosa, hoy Pamela es abrazada por un fortachon con cara ruda, sin energia y mucho discurso para la galeria. Hoy Pamela esta embarazada y nosotros, aún sin dinero y apostando de cuando en cuando, seguimos siendo amigos.
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